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AUGE Y CAIDA DE LA REPÚBLICA

Classé dans : Politique — 7 juin, 2008 @ 17:45

AUGE Y CAIDA DE
LA REPÚBLICA 

Brevísima y arbitraria guía para estudiar la política   actual de Venezuela. 

Premisa 

Las notas que siguen parten de un supuesto:
la República es la más importante invención de esa criatura  de tardía aparición en la evolución de las sociedades humanas, hija de su desarrollo productivo: la clase media. Cuando en lo sucesivo hablemos de ella nos referiremos no a un nivel de ingresos, sino a una caracterización social, diferente del proletariado, del campesinado y, por supuesto, del patronato; cuyo aporte a la riqueza colectiva tiene lugar  desde el llamado sector terciario de la economía:  comercio y servicios, incluido el gobierno. De ella hacen parte evidentemente los comerciantes, pero también los burócratas, los profesionales de cualquier rama o nivel, los artistas e intelectuales, lo
s científicos, los tecnócratas, los artesanos de todo tipo, etc. Aparecida por primera vez en Grecia, hacia el siglo V o IV antes de Cristo con el proceso de  expansión comercial principalmente ateniense en el mediterráneo, su eclosión condujo al establecimiento de las primeras instituciones democráticas conocidas en la historia. Disfrutando de niveles variables de ingreso, todos los que hacen parte de ella tienen en común que su aporte a la actividad productiva requiere de un margen significativo de  independencia, vale decir, su trabajo no está directamente supeditado a los  patronos ni vinculado a la propiedad de los medios de producción, como no sean considerados como tales sus capacidades específicas. Por eso mismo se acomodan mal al régimen de subordinación que caracteriza a la relación obrero patronal y exigen para su desenvolvimiento  un contexto de libertades que sólo ofrece el estado de derecho. 

Aunque bajo ciertos aspectos resulte difícil precisar las peculiaridades que la distinguen arriba y abajo de los patronos y de los proletarios, pasa con la clase media lo que señalaba Wittgenstein de las realidades que son aprehendidas mediante la percepción sensorial: todo el mundo sabe lo que son, aunque no las pueda explicar verbalmente. Marx la calificó despectivamente como pequeña burguesía y le atribuyó sin más una actitud reaccionaria por contraste con el potencial revolucionario que suponía caracterizaba a la clase obrera. La historia reciente se ha encargado de desmentirlo: extinguida la profecía marxista, ella, la clase media, es hoy la vanguardia del proceso democratizador que vive el planeta, exhibiendo una vocación única e irreversible por  incorporar cada vez más gente a sus rangos, en favor tanto de la abolición del proletariado como de la democratización  del patronato. 

1492.- 

Llega a nuestras costas  Don Cristóbal Colón y en misiva a los Reyes de España declara haberse topado con una “tierra de gracia”. Mas tarde volverá a referirse a ella como “el lugar de todas las riquezas imaginables” 

1530.- 

Con la llamada capitulación de los Weltzer se funda la ciudad de Coro y comienzan a llegar numerosos contingentes humanos en búsqueda diríase desesperada de oro. Ocurre que como por lo general son hombres que vienen solos, las pulsiones sexuales son satisfechas con las mujeres aborígenes, por lo que los nacidos en esas circunstancias, constituyendo stricto sensu la primera generación de venezolanos que, no solo no siendo acogida o reconocida por sus padres sino la mayor parte de las veces la paternidad ignorada  y su fuerza de trabajo explotada, une al sentimiento de la bastardía el del abandono 

1567.- 

Luego de más de 30 años de búsqueda febril e infructuosa de El Dorado a todo lo largo de la vasta extensión de tierra descubierta, aparece en la región más septentrional de lo que luego será Venezuela, un sucedáneo vegetal del oro: el cacao. Se funda la ciudad de Caracas y como
la Metrópoli prohíbe tempranamente el comercio dicho de extrangería, comienza el negocio furtivo del fruto con los Países Bajos. En los siguientes años unas 50 familias asentadas en la recién fundada ciudad tienen buen cuidado de repartirse toda la franja costera  del territorio sometiendo con las armas a los pueblos que allí moran. 

1630.- 

Los holandeses, por su parte,  se instalan a la machimberra en Curazao, desde donde operarán una poderosa flota comercial para acarrear el portentoso fruto a Europa. Pese a los esfuerzos hechos por España durante los años subsiguientes para recuperar la isla y el negocio, los planes de reconquista resultan del todo infructuosos gracias al sabotaje que subrepticia pero sistemáticamente ejercen los dueños de las haciendas, todos aposentados en Caracas. A partir de entonces se consagra el contrabando como actividad económica principal, haciendo la fortuna de quienes más luego serán llamados “grandes cacaos”. El sistema de explotación dicho de plantaciones, que poco o nada aporta a la cultura trashumante precolombina, genera un primario tejido social compuesto prácticamente de dos categorías: los propietarios, beneficiarios exclusivos de la riqueza; y una masa humana igualada con el rasero de la pobreza, compuesta de esclavos, trabajadores estacionales semi esclavizados y parias, residuos estos últimos de la sociedad precolombina que sobreviven diezmados en los conucos. Por esos mismos años se funda San Sebastián de los Reyes, avanzada para la conquista del ganado que ya se ha extendido explosivamente a lo largo y ancho de los llanos luego de la aclimatación de los primeros animales traídos en las expediciones más tempranas, dando lugar a una nueva y prolífica fauna silvestre. Con ello se configura la segunda fuente de riqueza de la colonia, igualmente primitiva que el cacao, al punto de sugerir a algún historiador que su explotación recuerda más a la cacería que a la ganadería. 

1720.- Llega por esos años el comiso Olavarriaga con el encargo del Rey de perseguir el contrabando, práctica tan generalizada entre los vecinos de Caracas que ha hecho exclamar a un gobernador de la época que “habría que mandarlos a todos a  Ceuta”.  Su viaje prepara el terreno para la  fundación de la famosa compañía Guipuzcoana, a la que se otorgará unos años después el monopolio del mencionado comercio de extrangería.  A pesar del celo puesto en la tarea, de poco sirven sus afanes, puesto que durante todo el resto del siglo XVIII, el 80% de la producción de cacao sigue llegando a manos de los holandeses por los caminos verdes. Gracias a una curiosa complicidad de explotadores y explotados – amos y esclavos – que homogeneíza a la sociedad colonial para evadir la persecución judicial, las pretensiones de la corona de meterla en cintura resultan burladas. Este modelaje social que hacen los “principales” hará decir un siglo más tarde a Tomás Lander, compañero de lides  de Antonio Leocadio Guzmán, que: “somos una sociedad de cómplices”. 

1748.- 

Juan Francisco de León lidera a un grupo de isleños que llegados con retardo al  reparto original de tierras pero deseando participar de los dividendos del negocio, hace diligencias para instalar una colonia agrícola en la región de Barlovento, proyecto que encubre el verdadero y secreto propósito de abrir una brecha en el monopolio furtivo de contrabando de cacao de los ya establecidos grandes productores. Ante la ruda oposición de estos, aliados, ahora sí, con la autoridad metropolitana, los isleños se rebelan e intentan hacer valer sus derechos por la fuerza. Pese al apoyo brindado por los holandeses a la rebelión con una poderosa armada surta frente a las costas centrales del país durante meses, León y sus seguidores  son derrotados por la oligarquía apoyada en la autoridad metropolitana y disuelto el movimiento al cabo de dos años de conflicto. Con esta actuación, exhibiendo tan extremado celo en la defensa de sus privilegios, la minoría terrateniente pierde por siempre la oportunidad de convertirse en clase dirigente de la sociedad, como se verá luego durante la guerra. 

1780.- 

Carlos III de España levanta la prohibición que hasta entonces ha pesado sobre  la libertad de comercio de las colonias y emprende un programa de liberalización orientado a poner la economía de su Imperio a tono con las ideas de
la Ilustración. Ello, sin embargo, no contribuye a cambiar el panorama social de la ahora Capitanía General de Venezuela, que sigue exhibiendo una profunda brecha entre los propietarios y el resto de la población, compuesto siempre de esclavos, trabajadores estacionales semi            esclavizados y el extenso grupo residual de la sociedad precolombina. Ello deriva de que el grueso de la precaria economía colonial sigue sustentada en la muy primaria explotación del cacao y el ganado. 

1805.- 

Pasa por Caracas Monsieur François Depons y reporta en una larga relación que en la colonia no existe…….. ¡la rueda! Todo movimiento de personas o mercancías se hace a lomo de bestia por caminos de recuas. No hay coches ni carretas ni por supuesto carreteras. La relación da cuenta también de la existencia de aquella elite de los criollos, culta y acogedora, que dedica la mayor parte del tiempo de ocio – que es casi todo el tiempo – a cultivar la música y las artes. Entre líneas se advierte que a esas alturas no hay señal alguna de gente  de clase media, hija del desarrollo del llamado sector terciario de la economía: comercio y servicios, cuyo rol protagónico puede rastrearse  siempre en la gestación de los procesos democratizadores. 

1811.- 

Sin percatarse suficientemente de que la revolución norteamericana había sido protagonizada por una clase media crecida y fortalecida, esa si, durante 150 años de prosperidad colonial, la  misma elite – los “mantuanos”- deslumbrada por las ideas de
la Ilustración y el prestigio de aquellas, resuelve declarar la provincia independiente de España cuando se entera – con dos años de retraso – de la abdicación de Bayona.  Tal vez por cábala, casi alcanza a hacer coincidir la fecha de la declaración de nuestra Independencia con la de aquellas provincias del Norte: el 4 de julio. Treinta años más tarde que las colonias inglesas, nuestros flamantes próceres se tranzan finalmente por el día siguiente, el 5 del mismo mes (de 1811), quien sabe si con la esperanza de que la efemérides iluminará la decisión que están tomando. A partir de entonces se advierte en la naciente sociedad venezolana una persistente dificultad para calar su propia circunstancia. Creyendo mirarse a sí misma, recurre invariablemente, como en esa ocasión, a utilizar espejos prestados por otros pueblos.   

10 1814.- 

Tanto es eso verdad que sólo muy avanzado el conflicto armado y caída la primera república, nuestros  criollos caen en cuenta de que el enemigo no es solo España, como habían supuesto, sino aquella parte de la sociedad preterida que los percibe como enemigos de clase y los combate, al mando de Boves,  en una extraña pero explicable alianza con aquella. Se trata pues de una guerra civil que enfrenta a “mantuanos” con “pardos”, y cuyo final se va a alcanzar gracias al genio político-militar de Bolívar, quien con iniciativas como la del  decreto de “guerra a muerte”, logra correr la arruga, es decir, ocultar provisionalmente la grave contradicción interna del proyecto emancipador,  para poder combatir con eficacia al ejercito realista. Desde entonces, roto el vínculo de dependencia con España, la profunda brecha que separa a ricos y pobres pesará como una constante matemática sobre el destino del país,  haciendo nugatorios hasta bien entrado el siglo XX los propósitos de fundar
la República. Por lo demás y a juzgar por la crueldad exhibida por las huestes de Boves en las acciones bélicas, la oposición de los “pardos” a la revolución no sólo se nutre de la injusticia del sistema económico sino del veneno moral diseminado por el sentimiento de bastardía. 

11 1821.- 

Con la victoria de Carabobo, en efecto,  y gracias a la visión táctica de Piar, que ha conseguido mover el teatro de operaciones al sur  y ganar para la facción revolucionaria el valor logístico del ganado de los llanos y la vía fluvial del Orinoco, Bolívar, recurriendo esta vez al fusilamiento de aquel y a la convocatoria del Congreso de Angostura, logra nuevamente prolongar la suspensión el conflicto intestino para concentrar los esfuerzos de los años subsiguientes en la conquista del sur del continente, donde aún son fuertes los últimos contingentes militares realistas. 

12 1824.- 

Y con la victoria militar de Ayacucho se cierra por fin el capítulo de la guerra revolucionaria para abrir el de…..las contradicciones internas. Debido a ellas,
la Gran Colombia se revela como una quimera;
la República postulada por los libertadores no tiene arraigo en la  realidad; no tiene, en suma, dolientes. Se  equivocaba Bolívar cuando en 1815 desde Jamaica atribuía el atraso de las colonias al despotismo de
la Corona; transcurridos 40 años de disfrute de las libertades económicas introducidas por Carlos III en las Leyes de Indias, años en los cuales él, Bolívar, había nacido y crecido, poco o nada había cambiado en el panorama económico y social de Venezuela: los mismos privilegios montados sobre la misma postración productiva; la misma riqueza concentrada en manos de una minoría perezosa y dominante gracias a la prodigalidad del trópico. Puesto que no ha habido desarrollo agrícola o manufacturero importantes, entre los dos extremos de la pirámide social: los “grandes cacaos” y el pueblo depauperado, hay poco más que un vacío. Luego de 40 años de libertad de comercio, la sociedad ahora libre del yugo metropolitano descubre que no ha alcanzado a parir una industria agrícola o manufacturera capaz de dar soporte material al proyecto republicano. Ello se pone de manifiesto con la creación en Caracas, durante el primer gobierno de Páez y bajo su patrocinio, de una tal Sociedad de Amigos del País, que reuniendo a muchos de los sobrevivientes de aquella elite venida a menos, da curso a su preocupación por la pobreza  y discurre largamente sobre la urgencia de promover la inmigración y fundar una verdadera ciudadanía basada en el trabajo de la tierra. Finalmente, tras varios esfuerzos por emular los exitosos programas inmigratorios emprendidos contemporáneamente por las naciones sureñas surgidas también de la emancipación hispanoamericana, el gobierno venezolano dará a luz , en 1843,  un ratón:
la Colonia Tovar, experiencia irrisoria en relación con la magnitud de la omisión histórica. 

13 1827.- 

Con la llamada Cosiata, bajo el liderazgo del legendario estratega militar que fue Páez, surgido desde lo más profundo de los llanos venezolanos para terminar victorioso en Carabobo, Venezuela decide separarse de
la Gran Colombia. El periplo personal del llamado Centauro, que luego de hacerlo un rico terrateniente lo lleva tres veces a la presidencia y culmina con su muerte en New York en medio de la pobreza, simboliza de cierta manera la tragedia que vive  el país ahora independiente. La oligarquía que  había nacido y medrado por tres siglos a la sombra del poder colonial, es desplazada de la propiedad de la tierra por los nuevos señores surgidos de la guerra. De modo que al poder que confiere la propiedad se une ahora el prestigio y la experiencia militar para fundar el único orden político capaz de suplantar el sistema colonial hasta bien entrado el siglo XX: el caudillismo.    

14 1830.- 

El siglo XIX deviene entonces en un largo y convulsionado período de lucha  endémica por el poder. En medio de la devastación bélica, una población de suyo escasa y ahora mermada y paupérrima, moralmente herida por el resentimiento, incomunicada y dispersa en un territorio todavía en estado virginal, la gente no puede menos que  ponerse bajo la protección, cada cual en su terruño, del caudillo local. Una especie de caricatura tropical y calurosa del feudalismo medieval europeo, sin su fasto y riqueza, se establece entonces en Venezuela. Durante esos tiempos, que comprenden el de  una cruenta guerra dizque Federal, no hay poder central que logre meter en cintura las tendencias anárquicas y disgregadoras presentes a lo largo y ancho del  millón de kilómetros cuadrados de la geografía venezolana.  Hasta que aparezca el petróleo…. 

15 

1863.- Finalizada esa guerra llamada Federal, y vencida una de las facciones  en pugna, poco importa cual, según afirma el mismo líder de las fuerzas victoriosas, Doctor y General Antonio Guzmán Blanco, Venezuela inaugura en lo económico una nueva etapa caracterizada por la apertura franca de su producción agropecuaria a los mercados internacionales del mundo capitalista entonces en expansión. Varias casas comerciales extranjeras se establecen en el país y contribuyen a financiar los mismos rubros de siempre, fundamentalmente el cacao, los cueros, el tabaco, ahora el café y…….. ¡las plumas de garza!, cuyos precios internacionales alcanzan cotas muy ventajosas. Con el uso del crédito de la banca foránea, cuya gestión comienza a dejar jugosas comisiones a la clase política, al “Ilustre Americano”, como dieron en llamarle áulicos y aduladores,  o “manganzón” como lo bautizaron en buen criollo los detractores, le dio por convertir a Caracas en una pequeña Paris. Una vez más la dirigencia exhibía la pertinaz tendencia a dar por buena la imagen que le devolvía el espejo prestado. Siempre recurriendo a empréstitos que generaban a fin de cuentas tantos costos políticos como monetarios, Guzmán Blanco, afanoso de emular a su tan admirada Francia, contrata  - con una empresa sin embargo inglesa – la construcción y operación de un  sistema ferroviario que tiene el curioso mérito de no satisfacer necesidad alguna de movimiento, mercancía o pasajeros, puesto que tanto la una como los otros no existen mas que en la imaginación del gobernante. En pocos años el famoso ferrocarril será un trasto inútil y nuestro Ilustre Americano terminará tranquilamente sus días en Paris, luego de tomar las precauciones financieras para no repetir la triste historia de su colega Páez en New York. 

1876.-   Mientras tanto, la inhumación de los restos de Simón Bolívar en el Panteón Nacional, contrastando la frustración que ocasiona el trato cotidiano con el  sórdido ambiente moral en que continúa la vida de la mayoría, propicia la formación del mito libertario para encubrir el fracaso de la experiencia civil: Venezuela es un gran país: sufrido pero heroico. ¡Allí está el ejemplo de los próceres ilustrados y generosos que hasta la vida ofrendaron por la libertad de
la América toda!,
reza más o menos el panegírico. Las palabras para proferirlo son tanto más ampulosas cuanto mayor es la aflicción y profundo el vacío anímico por llenar (y desmedido el oportunismo de quienes lo utilizan como trampolín político). Desde entonces los discursos protocolares aludirán al glorioso pueblo, la excelsa gesta, la insigne vocación libertaria de los hijos de
la Patria de El Libertador.
Tal es el núcleo, deleznable, autocompasivo, de la tonta y terrible a la vez, Historia Patria, inventada en este período por los áulicos de los caudillos para hacer tolerables las consecuencias del fiasco civilizatorio.   

El resentimiento del pueblo común, el complejo de bastardía contraído en el desencuentro social originario, la desesperanza resultante de la  situación general de pobreza, obtienen ahora cierto alivio en la mitificación de la figura de los llamados próceres, que pasan, de explotadores, a ser eminencias moral e intelectualmente inalcanzables; héroes de una saga inaugural cuidadosamente grabada  en los arcanos del inconsciente colectivo. De manera que por obra de sus hagiógrafos, los otrora “grandes cacaos” se libran en la memoria colectiva de la gravísima responsabilidad de aquel desastre y acceden purificados al Olimpo de los dioses republicanos, configurando ese mito compensatorio del cual todos los venezolanos nacidos con posterioridad hemos sido ingenuos oficiantes. Pero como aquella “sublime” aventura libertaria no ofrece explicación convincente a la grisalla de la vida cotidiana, la percepción del presente termina por ser la de una caída -  pérdida del paraíso – y el nosotros acaba por sentirse culpable, merecedor de este destino, impedidos como estamos por nuestra pequeñez moral de alcanzar la estatura de los padres tutelares. 

17 

1903.- Los últimos años del siglo XIX y los primeros del XX estarán marcados por nuevas y variadas dificultades económicas derivadas de las siempre descaminadas actuaciones de los más ignaros caudillos, que echando mano de abstrusas reducciones del pensamiento político contemporáneo, se sienten con  derecho de asaltar el centro del poder político de la nación con las armas.  La deuda pública con los acreedores extranjeros se ha hecho tan grande que resulta impagable. Ante el bloqueo militar que su cobro compulsivo suscita en 1903, el país oirá entonces la no por histérica menos  histórica proclama del último caudillejo, lúbrico y bocón, del siglo XIX, Cipriano Castro, líder de una tal Revolución Liberal Restauradora: “ ……la planta insolente del extranjero ha profanado el sagrado suelo de la patria”, mientras que por debajo de la mesa entregará en pago a los acreedores  el producto de los ingresos aduaneros.(Cualquier coincidencia con la semejanza es pura realidad) 

Hasta que a un entonces oscuro y rudo lugarteniente llegado años antes con  él mismo desde lo profundo de la tierra andina, cuyos éxitos militares y  pragmatismo político le han valido el cargo de Vicepresidente, lo ilumina la idea de que al país hay que manejarlo como lo que él piensa que es: una gran hacienda descuidada, a la que hay que unificar metiendo en cintura a como de lugar la multiplicidad de capataces regionales que fungen de delfines. Esa será la tarea que cumplirá Gómez durante los treinta y cinco largos años de duración de su muy eficaz  autocracia, luego de desplazar a su mentor en un incruento golpe de mano.   

18 

1935.- Para la fecha de la muerte de Gómez y tras un siglo de ficción republicana, la aparición inesperada del petróleo, como una vez el cacao, ha provocado un cambio ahora sí trascendente en la composición de la sociedad venezolana: el esfuerzo requerido por la ingente tarea de administrar la novedosa renta, induce, ¡por fin!, el parto de una  peculiar clase media que en los años subsiguientes crece hasta ocupar todos los espacios sociales que las omisiones del pasado han dejado vacíos. Puesto que su nacimiento tiene lugar en esas circunstancias, no hay para el momento de su venida al mundo – como en el caso de cualquier otra experiencia democrática – proletariado ni campesinado que la  precedan y a los que tenga que disputar el lugar. Ni por supuesto discurso oligárquico importante asociado a la gran propiedad capaz de debilitar la natural adscripción de sus miembros al pensamiento liberal. Sólo las prácticas administrativa y comercial requeridas por el gasto público le han insuflado vida y propician su crecimiento a expensas de cualquier otro grupo. Con ella comienza propiamente la historia contemporánea de Venezuela. Por primera vez en cien años de vida formalmente independiente adquiere masa crítica, valga la expresión, una categoría social cuya supervivencia depende de una organización política basada en la plena vigencia del derecho y no en la arbitrariedad rampante hasta entonces.
La República que había sido un retórico saludo a la bandera durante todo el siglo XIX comienza por fin a adquirir el sentido de las cosas sustantivas. Es entonces cuando se crean los partidos políticos contemporáneos y se echan las bases de la democracia que durante 80 años ha hormado la vida civil venezolana 

19 

1945.- Tanto es ello verdad que pocos años después  de  la muerte de Gómez y al paso con el veloz crecimiento de la población medio clasista se extienden rápidamente los derechos civiles a toda la sociedad. Gracias a la actuación de conspicuos representantes de la clase emergente –  Betancourt, Villalba, Caldera, etc. – se fundan los partidos modernos, vehículos, al menos en teoría, para la  expresión y canalización de los intereses  de la nueva composición de clases. El derrocamiento del presidente Medina el 18 de Octubre de 1945,  por obra de los líderes del partido Acción Democrática apoyados por un grupo de mandos medios del ejército formado en tiempos de Gómez, hay que analizarlo a la luz de esa consideración, aún cuando, como hubiera sido posible prever, estos últimos, con la dictadura, hayan luego retrasado de diez años la evolución política impulsada  entonces. 

20 

1950.- Mas no la dinámica de la  redistribución del ingreso, puesto que durante los diez años del prezjimenato toma vuelo el más agresivo proceso de transformación de nuestras ciudades, Caracas a la cabeza. La casi totalidad del pueblo preterido, el mal llamado campesinado, que disperso e indigente en el territorio constituye para 1920 aún el 85% de un total de tal vez tres millones de almas en todo el país, ha ido emigrando a los centros urbanos en busca de oportunidades para integrarse a una esperanza de vida ausente  en un medio rural en estado de postración. Con el resultado de que el panorama poblacional, luego de incorporar el vivificante aporte cultural de la inmigración europea llegada también durante esos años, se hace decididamente urbano. Y puesto que la vanguardia medio clasista no cultiva por su mismo origen resentimientos ni odios raciales o de clase; ni por recién nacida tiene privilegios adquiridos que defender, se inaugura una era de movilidad social sin precedentes. La rígida división que caracterizó a la sociedad colonial, fosilizada durante el siglo XIX por la guerra y su secuela de miseria, se rompe ahora en la ciudad a un ritmo sin precedentes. Una auténtica democracia social surge de esta dinámica, que no solo tolera sino propicia el ascenso y la realización personal de cada quien, independientemente de su origen de clase o lugar geográfico. Durante la década se fundan varias oficinas de asistencia y planificación – o se desarrollan las ya existentes – que transforman las ciudades y crean vastos espacios urbanos de acogida y tránsito para los nuevos ciudadanos recién llegados del mundo rural. Se emprende el más ambicioso programa de obras públicas hasta entonces concebido y se construye la más extensa red vial de Suramérica, dando con ello un aporte inestimable a la integración  espacial y económica del país. 

21 1959.- 

Inmediatamente después de la caída de la  dictadura y restablecidas las formas republicanas, la escolaridad a todos los niveles de la educación pública y privada aumenta exponencialmente; se consolidan las instituciones universitarias existentes y se fundan muchos otros establecimientos de educación superior. La formación de profesionales en todos los ámbitos técnico-científicos alcanza cotas nunca imaginadas. Además, la oferta abundante de programas de ayudas y becas contribuye a romper las barreras de origen económico para obtener fuera aquellos estudios que el país no está aún en capacidad de ofrecer. En materia de salud se erradica las enfermedades endémicas que han diezmado durante siglos a la población de menos recursos. Se funda un sistema de Seguridad Social comparable, en teoría, a los de las más desarrolladas sociedades y se llena  el país de hospitales y centros de salud que atienden sin distingos a toda la población. 

La cultura – sus expresiones tradicionales: literatura, artes plásticas, música – comienza a enriquecerse de una simiente intelectual sin  precedentes. Se asiste al exordio de tantos artistas plásticos que alcanzarán  reconocimiento universal en la siguiente década. La actividad editorial acoge y promueve los innumerables talentos literarios surgidos por doquier en el ámbito nacional. En cuanto a la música y aparte las vocaciones que siguen manifestándose de manera espontánea, se crea el más novedoso programa de formación musical: el sistema nacional de orquestas juveniles, destinado a jugar un papel decisivo en la formación de una cultura musical que hoy comienza a obtener reconocimiento en escala planetaria. Por último, pero no por ello menos importante, se ponen en práctica los dos programas concebidos para hacer buena la “siembra del petróleo” propuesta años antes, en los albores de la era petrolera, por Uslar Pietri: la reforma agraria y la industrialización mediante el programa llamado de sustitución de importaciones. 

22 1960.- 

Pero al lado de esas salutíferas transformaciones se advierte ya la presencia sombría de aquello que en algunos años habrá de poner en crisis a la existencia misma del proyecto republicano: la tara contraída por la clase media en el trance de su nacimiento, que crecerá con ella y la acompañará como un fantasma hasta en los mejores momentos de su desempeño histórico: concebida en la matriz de la barbarie, como hubieron de definir Sarmiento y Gallegos el siglo XIX hispanoamericano, e hija de la economía rentista, valga la contradicción de términos,  su peculiar venida al mundo conlleva una deformación moral que condiciona la conducta ciudadana en casi todos los ámbitos de la vida civil. Los efectos económicos de la aparición del petróleo han recaído, en efecto, sobre un organismo social heredero de la subcultura  providencialista adquirida en los orígenes cacaoteros del país. Como la disolución que sigue a la guerra de independencia y se prolonga durante todo el siglo XIX en nada contribuye a atenuar los efectos regresivos de esa mentalidad, la formación para la vida ciudadana, adquirida en la escuela o recibida en el seno de la familia – y perdida como se ha dicho desde el siglo XIX en los vericuetos de aquel laberinto de próceres y gestas independentistas – insiste en crear la ilusión de vivir una excepcional y heroica tradición, merecedora por razones meta históricas de la fortuna ahora caída del cielo. Por lo que la autoestima colectiva, que de suyo se nutre del logro de metas  concretas, sigue refugiada en la pueril presunción de ser herederos del linaje de prohombres de una tan proferida cuanto ilusoria saga libertaria.   

Por lo demás, si en todas las sociedades democráticas modernas los dineros públicos provienen de la porción del ahorro colectivo que el Estado retira mediante tributos para redistribuirla  entre quienes menos se benefician del sistema, en nuestro caso ocurre que el nuevo Estado medio clasista venezolano  no distribuye  propiamente el ahorro de los ciudadanos, sino la renta petrolera, que aporta mas del 80% del presupuesto del gasto público; por lo que el ciudadano de a pie – y con más razón el de automóvil – no se siente aludido por el llamado a ejercer la indispensable vigilancia requerida por su justa administración; en consecuencia, esta queda oculta tras la niebla de la indiferencia o ignorancia colectivas. Sigue que el estamento burocrático, colocado así su cometido al margen del escrutinio público, desarrolla una natural tendencia a la hipertrofia y la corrupción, tanto más grandes cuanto mayor la renta. Pero no solo la gestión del Estado resulta pervertida por la anomalía: acostumbrado el nuevo ciudadano a que el establecimiento del llamado estado de derecho no ha sido resultado de un esfuerzo común del cual su  sacrificio pecuniario habría sido parte inseparable, termina, no sin razón, por asimilar la percepción de
la República a la que ya tiene de la renta petrolera: un don providencial. La observancia de la ley, por tanto, no es asumida como deber moral al que obliga el compromiso con ese esfuerzo común y co-responsable de sus resultados, sino como arbitraria y molesta imposición que se está siempre  dispuesto – y deseoso – a dejar de cumplir tan pronto como se pueda escapar de los mecanismos de control o, lo que es lo mismo,  corromperlos.   

Y para cerrar el círculo vicioso, faltando esa argamasa ética que cohesiona al entramado social, no queda más que seguir atado a la práctica del sometimiento al caudillo, el más seguro recurso – por conocido – para sobrevivir quienes ocupan las posiciones inferiores de la estructura social, y oportunidad de concentrar poder para  quienes van logrando ubicarse en las más altas. De donde todas las instituciones, comenzando por las que corresponden a los partidos, la superestructura política, son precozmente desnaturalizadas por el clientelismo consustancial a la  organización  tribal. 

23 

1976.- Con todo,  luego de un controvertido debate nacional prolongado por varias décadas, el país se dispone a superar la dependencia rentista del subsuelo con la nacionalización del negocio petrolero, hasta la fecha manejado por los centros de poder  foráneos. Una vanguardia medio clasista asume desde entonces la altísima responsabilidad de dirigir por sí sola el complejo proceso de extracción, refinación y comercialización de los hidrocarburos, sustituyéndose a los operadores extranjeros en tan complicada tarea. Y para sorpresa de muchos escépticos, PDVSA, la empresa creada para hacer bueno el propósito, logra posicionarse en pocos años entre las primeras  compañías petroleras del mundo, augurando el advenimiento de una nueva era de progreso. Pero además, como la asunción de la tarea de generar con sus propias capacidades el ingreso nacional no tiene precedentes históricos en el país, esa vanguardia conquista un novedoso liderazgo que  insuflará  en toda la clase media una fe en si misma que hasta el momento no tenía, ofreciendo con su ejemplo una perspectiva no desdeñable de superación ética que se perderá, como se verá, en la gravísima crisis del 2002. 

24 

1980.- Por esos mismos años, las consecuencias de su propio éxito comienzan también a revertir negativamente sobre la clase media y su creatura: una nueva ola migratoria golpea  las ciudades con la fuerza de un tsunami, pero esta vez llegando de fuera. Dos, tres, cuatro, quien sabe cuantos millones de inmigrantes provenientes de todo el subcontinente, especialmente Colombia y Ecuador, llegan a estos valles de Jauja en que la  política distributiva medio clasista ha convertido a nuestros centros urbanos, terminando por hacer nugatorios los ya muy arduos esfuerzos  desarrollados durante  los  50 años precedentes para asistir a la población que se ha ido incorporando a la ciudadanía. 

25 

1983.- Concomitantemente, los dueños de las empresas creadas en el marco de la política de sustitución de importaciones puesta en práctica en los años 60, no han aprendido a competir en los mercados externos debido a la sobreprotección aduanal y tributaria que se les brinda desde su debut como empresarios. No desarrollan por tanto la capacidad de producir divisas para sufragar el componente importado del cual seguirán dependiendo críticamente mientras la totalidad del complejo manufacturero no haya alcanzado un grado aceptable de integración y desarrollo. De manera que todo el sistema industrial se torna paulatinamente parasitario respecto de esas divisas que hasta ahora sólo el petróleo ha sido capaz de aportar a las arcas de la nación. En consecuencia, la recién estrenada burguesía industrial y agraria que ellos constituyen – surgida de las filas  de la clase media – termina por reproducir,  gracias al poder económico que acumula, la conducta de los “grandes cacaos” de ayer, convirtiéndose en un nuevo agente de corrupción, al obstaculizar cualquier reforma política que afecte sus privilegios, o al comprar los favores de la burocracia a la hora del reparto de los cada vez más escasos petrodólares. 

El efecto combinado de ambas circunstancias: el rápido y exógeno aumento de la población económicamente minusválida y la creciente escasez de divisas, agravado porque la corrupción hasta entonces endémica se dispara  a cotas nunca antes alcanzadas como consecuencia de la crisis misma, lleva a la clase media a cometer el gravísimo error de retirar su confianza al sistema democrático. Esto ocurre en al menos tres fases discernibles, la primera de las cuales la protagoniza su componente de menos ingresos con la explosión social del llamado Caracazo, no muchos días después de la toma de posesión de Carlos Andrés Pérez en su segundo mandato. 

26 1992.- 

Nuevamente la clase media, fundadora de
la República, esta vez sus estratos intermedios, llegando a los 70 años de edad y haciendo gala de una miopía que le impide percibir la naturaleza y magnitud de la crisis, retira virtualmente su apoyo a las instituciones republicanas que se había dado cuando adopta mayoritariamente, según evidencian las encuestas, una postura de abierta simpatía por el golpe de estado con el cual Chávez y otros militares de graduación media y baja pretenden sacar del gobierno al Sr.  Pérez el 4 de febrero del 92, en flagrante delito de traición a su rol institucional. 

27 1998.- 

Por último, en las elecciones de 1998, homogeneizados ahora todos sus niveles de ingreso por la acumulación acuciante de dificultades, la clase media decide llevar a la presidencia de
la República, en acción que puede calificarse de suicida,  al Teniente Coronel felón, quien  de la mano de los dos más ilustrados y cínicos tránsfugas de la democracia: Luis Miquilena y José Vicente Rangel, promete durante su campaña freír en aceite las cabezas de los adversarios, en clara admonición a todos aquellos que ya han entrevisto el “paquete chileno” que trae  no tan oculto su candidatura. 
En descargo de muchos de los que contribuyeron con su voto a colocarlo en Miraflores hay que recordar que la irresponsabilidad terminal del estamento político cuarto republicano, que lo empujó a cometer el inconmensurable acto de  frivolidad de postular a una  reina de belleza a
la Presidencia, no dejaba  opciones serias al electorado. Con lo que  el improvisado acuerdo de última hora, cuando  las fuerzas democráticas se vieron perdidas,  en torno a un candidato dizque de unidad sacado cual conejo de una chistera, marcó de manera clamorosa el fin histórico de los partidos políticos surgidos a principios del siglo pasado. 

Luego de una hipócrita campaña centrada en la promesa  de luchar contra los pesados vicios acumulados en los 40 años del denostado puntofijismo, apenas Chávez es elegido y adquiere familiaridad con los mecanismos del poder, comienza su pausado pero constante develar intenciones no declaradas en su campaña. Como Mussolini en los últimos años veinte del siglo pasado, y Hitler poco después, este nuestro nuevo presidente neo fascista corrupto conseguirá muy pronto, en medio de las más variadas invectivas contra el neo liberalismo salvaje, apoderarse por la vía electoral de las instituciones republicanas, para ponerlas al servicio de sus designios personales luego de vaciarlas de sus contenidos éticos. De vergonzante recordación es al respecto el espectáculo ofrecido por los 32 nuevos magistrados del Tribunal Supremo de Justicia nombrados de manera espuria por
la Asamblea Nacional en el 2005, cuando luego de su investidura, como conclusión del acto, declamaban a coro frente al mundo: ¡uh, ah, Chávez no se va!. De no ser por la quiebra moral que el sainete representaba, habría sido divertida la imagen de aquellas marionetas ridículamente ataviadas acatando cual perros amaestrados la voluntad del amo. 
La corrupción deja así de ser una lacra irresponsablemente tolerada por la opinión pública durante los largos años de la cuarta república, para convertirse ahora en práctica sustantiva, estimulada y ejercida desde las más altas esferas del poder, mientras se proclama cínicamente el respeto de las normas democráticas. Con ella, con la corrupción como arma política, se quebranta la voluntad de quienes se oponen al gobierno y se compra la lealtad de los acólitos  que cada vez con más desvergüenza sacan provecho personal de las posiciones burocráticas. 

El gobierno encarna desde entonces y a conciencia la impostura, articulada con una estrategia política inspirada en buena medida en las recomendaciones del refrito ideológico proporcionado por un tal Ceresole, alumno de  última hora de los maestros tutelares del fascismo; y puesto que este último, el fascismo, se funda invariablemente en el pasadismo como ideario – Hitler invocando el medievalismo teutónico, Mussolini
la Roma imperial –  encontramos a Chávez manipulando para los ingenuos la memoria de Bolívar, de modo de poner al servicio de su ambición el efecto enajenante del mito libertario que tanto contribuyó a inhibir el florecimiento de la democracia durante todo el siglo XX. 
He aquí una de las consecuencias más dramáticas de las elecciones de 1998: a la crisis general de corrupción a que condujo la debilidad moral de la clase media al cabo de sus setenta y pico de años de actuación (1920-1998), se añade ahora el efecto perverso del resentimiento social explícito en el discurso político chavista; Chávez, dígase o no, promueve el anhelo de retaliación, que no de redención, del pueblo secularmente preterido. Por ello, como se ha dicho, al igual que sus preceptores en situaciones políticas análogas – siempre Hitler y Mussolini – ha conseguido ganar las indulgencias del electorado con escapulario ajeno, es decir, dando lustre al oropel patriotero del mito; mixtificando la memoria de Bolívar para transferir su  brillo al opaco sentimiento de odio clasista que lo embarga (lo embriaga). Demasiadas veces se le ha visto imprecar a la oposición acusándola disparatada y cínicamente de oligarca o fascista, desconociendo de propósito los  méritos  de sus ejecutorias, y olvidando, o fingiendo hacerlo, que nacido en lo más profundo de la provincia, en el seno de una familia de escasos recursos, él culminó su formación militar, y con ello su incorporación plena a la  ciudadanía, en una institución tan medio clasista como todas las demás. 

Manejados a su antojo, sin rendir cuentas a nadie, los miles de  millones de petrodólares que inundaron al país desde los inicios de su gobierno, y con la complicidad obsecuente de las espurias instituciones públicas hechas a su medida, ha golpeado de mil maneras los fueros del mundo privado  en un obcecado afán por acabar con todos los resquicios de poder opuestos a sus designios hegemónicos; tanto es cierto que la mitad de las industrias en funcionamiento para 1998 han ido a la quiebra hoy, luego de apenas ocho años en el poder, mientras en el 2006, como consecuencia, el valor de las importaciones de todo tipo de bienes, para mayor dependencia del petróleo, alcanza la bicoca de treinta mil millones de dólares. 

29 

  2002.- Animado por los éxitos  electorales  de sus primeros  años, mas no contento con haber conseguido hacer aprobar  su nueva Constitución – suya porque la mayor novedad consiste en consagrar su reelección inmediata  -  Chávez ahora solicita (exige) a la nueva Asamblea Nacional una ley habilitante  que le permita legislar algunas materias por decreto, a lo cual esta accede sumisamente muy a pesar de la resistencia de la representación opositora. El propósito es elaborar sin contrapesos un conjunto de leyes que marcarán, según se desprende de su discurso,  el inicio del camino hacia el llamado socialismo del siglo XXI (que tal vez no durará mil años como prometía el Führer para el tercer Reich, pero sí, modestamente, unos cuarenta o cincuenta, según la pauta que va marcando Fidel Castro, aunque todavía hoy no se sabe qué es ni con qué se come.) 

Apenas el contenido de las leyes, cuarenta en total, es hecho público, a finales del 2001, se produce una violenta reacción en  las  filas medioclasistas lideradas ahora por la elite tecnocrática de PDVSA,  iniciativa que culmina con la  huelga petrolera de diciembre, prolongada hasta marzo del año siguiente. La decisión de convocarla y luego convertirla en paro general, luce políticamente muy riesgosa por la profunda fractura social que juega decididamente en su contra y será ampliamente aprovechada por Chávez,  como quedará demostrado muy pronto en los hechos. Los sucesos políticos inmediatamente posteriores serán los  más  tensos y  conflictivos del  último  medio  siglo; el despido masivo y persecución despiadada de más de veinte mil empleados de PDVSA, canallada que poco le faltó para igualar la crueldad de los pogroms fascistas contra el pueblo judío, sacude al país hasta los cimientos, mientras la clase media muestra sorpresivamente una capacidad de lucha hasta entonces desconocida, como si el aguerrido ejemplo de los petroleros la hubiese hecho madurar de golpe. Los dos tal vez más grandes movimientos de masas de la historia de América hispana  tienen lugar ese año en Caracas: el 11 de abril y el  14 de diciembre, galvanizando en cada ocasión la voluntad de acaso un millón de ciudadanos  unidos en el propósito de defender las instituciones civiles del asalto de la barbarie chavista. 

Pero perdida PDVSA con la razzia operada  por el gobierno en su contra, la oposición queda descabezada, sin liderazgo para dar aliento y organicidad a sus actuaciones ulteriores Aquí está  probablemente el fondo de las dificultades opositoras de entonces y de ahora. Mientras que al cabo de cuatro siglos de ominoso silencio el extenso sector social llamado marginal se siente finalmente representado en el discurso y la actuación de un lider, la clase media, tras 80 años de protagonismo, luego del brillante debut en el que consigue transformar un país rural y miserable en una pujante sociedad urbana  y democrática, incorporando a la ciudadanía tanta de aquella gente, no acaba de percatarse de que
la República históricamente le pertenece. Pero que rematados por Chávez los partidos que ya ella había desahuciado en el 98, e inmune, de paso, luego de ocho años de retórica  bolivariana, a la monserga del pasadismo, no cuenta sin embargo con una dirigencia en sintonía con esta nueva perspectiva, siendo como es, ahora, un solo cuerpo político, homogéneo y libre de parcialidades, con una tarea prioritaria e ineludible si de sobrevivir como clase se trata: rescatar
la República. 

Y sobrevivir como clase no implica, por supuesto, como proclaman con cinismo Chávez y sus sargentos, condenar a la postración o la exclusión la otra mitad del país, sino todo lo contrario. El rol desempeñado por esta nuestra clase media, como por lo demás cualquier otra del mundo, así lo prueba: hija de la economía petrolera, ella a su vez dio a luz
la República, y esta fue el instrumento para rescatar grandes sectores de población de la pobreza para incorporarlos a sus propias filas, lo que la hizo engrosar geométricamente sus efectivos  y enriquecer  políticamente al país como nunca antes había ocurrido 
No es por cierto tampoco el caso de negar el papel que los partidos han ejercido como mediadores entre la base social y la cúspide del poder, mediación vital  para el funcionamiento de la democracia, sino de renunciar al sectarismo, es decir, la pretensión de  poseer, cada facción  contrastando a la otra, las claves del mundo y de la vida; exceso que en diversas medidas caracterizó los entramados ideológicos de occidente desde mediados del siglo XIX como reacción a la religión marxista; e hizo de ellos estructuras verticales de poder, enfrentadas entre sí y traicionando los ideales igualitarios que decían defender; pero no tan dañinas allá como aquí por lo arraigadas que han estado desde mucho tiempo las democracias europeas.   

Se trataría tal vez de reconocer  plenamente en la praxis republicana la novedosa pauta  ofrecida por las ONG como foros civiles donde tramitar, negociar y componer con sentido pragmático las posibles soluciones de los muy concretos problemas que hoy enfrentan en mayor o menor medida todas las sociedades: la pobreza, la exclusión, la injusticia, la superpoblación, la contaminación, etc. Se trataría, en fin, de reconducir así la función de los antiguos partidos como gestores de una renovada  forma de hacer política que responda a la nunca suficientemente ponderada concepción aristotélica: arte de  organización de la polis. 

La clase media espera aún por un liderazgo que comprenda la novedad de esta nueva escena política de solo dos actores: Chávez de un lado, con su concepción cuartelaría del poder y su ejército de sargentos y comisarios, hablando y decidiendo abusivamente en  nombre de todo el pueblo pero apoyado escasamente en la mitad del electorado gracias entre otras cosas al efecto “persuasivo”  de los enormes  recursos financieros del Estado; y la clase media, por el otro, muy golpeada y venida a menos en estos ocho primeros años de confrontación,  pero con muchas y muy importantes cartas que jugar todavía, si es que está dispuesta a asumir finalmente los compromisos éticos cuyo incumplimiento la trajo a la situación actual. O, dicho en otras palabras, si  decide  mirarse en su propio espejo. 

30 2003.- 

Por si fuera poco para superar los  contratiempos que ha encontrado su lucha por perpetuarse en el poder y controlar todas sus ramas, después del trago amargo del 11 de febrero, Chávez decide someter también al poder electoral, CNE, colocando en sus puestos directivos, según orden personal impartida a
la Asamblea que para ser ejecutada tiene que violar el principio constitucional de la mayoría calificada, a personajes cuya lealtad no ofrece lugar a dudas, es decir, a gente dispuesta a vender su dignidad, según la expresión bíblica, por un plato de lentejas. Por su intermedio, entonces, y con la complicidad del Ministerio de Relaciones Interiores con su oficina de Identificación y Extranjería, se realiza una de las operaciones de corrupción más provechosas para el llamado “proceso”: la adulteración del registro de electores, REP,  principalmente –  pero no solo –  mediante la incorporación de una parte no  precisable pero cuantiosa de aquellos millones de inmigrantes recién llegados desde los 70, como se ha dicho en el capítulo correspondiente y cuyo voto se compra a cambio de las ventajas de la nacionalización expedita. Todo, por supuesto, saltándose los delicados extremos legales que contempla la práctica de esa facultad constitucional, y negando inclusive la mayor parte de las veces el pasaporte, para estrechar la relación de dependencia en que quedan los beneficiarios. 

Difícil es cuantificar las cifras del guiso; sin embargo, considérense dos datos para hacerse una idea aproximada de sus alcances: 1) entre agosto del 2003, fecha en que la oposición recoge las firmas necesarias para validar la convocatoria del Referendo Revocatorio y la realización del mismo, un año después, el número  de electores aumenta, según el CNE, en  dos millones de almas, contrastando las más firmes informaciones estadísticas sobre las tasas de  crecimiento poblacional del país. Esto es tanto más importante cuanto que recogidas por la oposición cuatro millones y medio de firmas en aquella ocasión, el CNE, arbitrariamente, reduce la cifra a dos millones ochocientos mil, luego de enterarse Chávez, por boca de sus asesores electorales, que de realizarse la consulta inmediatamente, la habría perdido. Se elabora entonces la infame lista llamada de Tascón, diseñada con la canallesca intención de someter a un régimen de exclusión civil a todo aquel que hubiera osado firmar la solicitud del Referendo.  El efecto disuasivo de esa criminal arma política, de naturaleza exquisitamente fascista, sumado al lanzamiento de las llamadas misiones y a la cedulación apresurada y consecuente inclusión en el registro electoral de no se sabe cuantos millones de esos extranjeros, logra alterar los números al punto de ofrecer al teniente coronel una ventaja relativamente holgada en los resultados finales, a pesar de las abultadas cifras de abstención. 2) Para diciembre del 2006, fecha esta vez de la realización de los comicios para elegir – o reelegir por vez primera, de acuerdo a la nueva Constitución – un nuevo Presidente, el registro de electores, ya bien controlado por los nuevos peleles del CNE,  da cuenta de la existencia de diecisiete millones de inscritos y una población total del país de veinticuatro. De ser cierto,  resultaría que las personas mayores de  18 años representan el 70% del total poblacional, dato que también contradice flagrantemente las estadísticas demográficas más confiables. 

Del análisis simple de estos hechos se desprende una reflexión sobre la soberanía del país. Aún cuando muchas otras facetas de su desempeño político  hacen dudar de su sinceridad, es verdad que el discurso de Chávez propugna la integración de América hispana – o latina, si se incluye al Brasil – lo que desde su punto de vista restaría importancia a lo que sigue: el asunto es que entre Venezuela y Colombia, especialmente, por ser limítrofes, se podría estar gestando un conflicto como consecuencia de que cada día hay en nuestro país más electores con la doble nacionalidad, que votan en ambos países. Como hay motivos de sobra para pensar que su afecto va al lugar que les ha visto nacer, los hay también para suponer que ejercerán, dependiendo del país en que lo hagan, dos calidades de voto: uno, de primera, que quiere lo mejor para la tierra que fue de sus ancestros y que probablemente lo será de sus descendientes; otro, de segunda, de conveniencia, para sacar el mejor provecho personal de aquel lugar donde las circunstancias lo han obligado a vivir; sobre todo cuando se tiene conciencia de que el derecho a elegir en esta parte les ha sido concedido fraudulentamente. Mucho más grave sería la cuestión  si ante la radicalización anunciada por Chávez del “proceso” (¡patria, socialismo o muerte!, exclamó en enero del 2007, al recibir la banda presidencial), grandes contingentes de población medio clasista venezolana decidiera abandonar la resistencia para emigrar como una vez los cubanos  a otras latitudes, con lo que el peso relativo del voto extranjero aumentaría en tal proporción que terminaría por tener efecto determinante en nuestra política interna. Hasta una atroz imagen estadística de ¨abrumadora abstención¨ podría  producirse si es que, además de los nuestros, esos extranjeros decidieran también en algún momento abandonar  masivamente a Venezuela como consecuencia, por ejemplo, de una baja súbita de los precios del petróleo. 

31 

2006.- Conclusión 

Luego del Revocatorio y tras la exitosa abstención concertada espontáneamente por la oposición en las elecciones parlamentarias del 2005, que sin embargo la deja sin voz  en un momento crucial y en una instancia política tan importante como el parlamento, se tendría la impresión de que la clase media a pesar de todo ha recobrado en  las presidenciales del 2006  el músculo político perdido cuatro años antes, en diciembre del 2002. La formación de un nuevo liderazgo surgido de medios extra partidistas revela una comprensión mucho más clara del novedoso juego político de la polarización. El exitoso acuerdo conseguido a última hora por los tres precandidatos opositores a favor de uno de ellos: Manuel Rosales, revela que la clase política ha alcanzado un nivel superior de conciencia de la naturaleza del problema. A pesar de la extrema cortedad de la campaña y de la tozuda miopía de la dirigencia puntofijista que para este momento aún retiene una cuota de influencia en la oposición, los resultados son elocuentes: 40 por 60, grosso modo, a favor de Chávez, a pesar de las múltiples ventajas claramente fulleras con las que el gobierno cuenta. Esto marca el inicio de una nueva etapa de la historia política venezolana y señala una oportunidad real de recuperar en el mediano plazo
la República del secuestro chavista. La oportuna y justiciera propuesta programática de Rosales, por ejemplo, de asignar el 1/5 de la renta petrolera directamente a la gente, sin distingo de clases, tiene un claro sentido transformador porque apunta a la resolución de un viejo problema de equidad involucrado en la propiedad colectiva de la riqueza del subsuelo. Si en  las democracias  hoy mejor establecidas es aceptada la noción de que todo ciudadano venido al mundo en el seno del colectivo nacional tiene por ello derecho a una renta del estado hasta el momento que pueda valerse por sí mismo, con mucho más razón en un país que como el nuestro, donde el grueso de la renta nacional proviene no de impuestos, sino de la venta de un producto que pertenece a todos por igual, cada venezolano venido al mundo en el siglo XXI tiene sobradas razones para reclamar ese derecho, como garantía de inclusión, de igualación de sus oportunidades como ser humano, hasta el momento de enfrentar las responsabilidades que, como ciudadano,
la República habrá de exigirle. 

Por lo demás, ante la inminencia de las  tormentas  políticas que generará con toda probabilidad la promulgación  - imposición – de las leyes de esta nueva y más perversa habilitante, la oposición tendrá que diseñar una estrategia que contemple la puesta en marcha de programas específicos de  cooperación interclasista – como la tarjeta MiNegra –  para ganar la confianza y el respeto de quienes habiendo votado por nuestro Führer caribeño, comienzan a entrever al monstruo que asoma en el diktat que quiere imponer al pueblo a cambio de sus “favores”. Como el  advenimiento del chavismo fue en su momento la consecuencia del fracaso terminal del punto fijismo en la tarea de rescatar la mitad de la población aún condenada a la marginalidad, su desplazamiento del poder no puede lograrse sino con la vuelta a aquel amanecer medio clasista, es decir, a la elaboración de propuestas de naturaleza igualitaria y de efecto inmediato, cuya puesta en práctica no puede esperar la conquista electoral del poder, sino que tiene que comenzar ya, en la práctica de un “gobierno de sombra”, según la acertada expresión de Gustavo Bolívar. 

En estos ocho largos años de dificultades, la oposición ha ofrecido suficientes pruebas de voluntad y capacidad para volver a una lucha basada en el ejemplo, como una vez la generación llamada del 28, en el ejercicio de una ética susceptible de movilizar nuevamente la esperanza de la gente. Se trata entonces no de proponer programas para un eventual gobierno de cambio, sino de comenzar el cambio ahora, poniendo en práctica los programas que resulten factibles hoy mismo, allí donde el gobierno no  puede llegar a pesar de su afán totalitario; sin dilaciones  ni mojigaterías, haciendo buena la paráfrasis de aquel aforismo nunca tan oportuno como en  las actuales circunstancias: “No hay camino al cambio, el cambio es el camino”  

Se diría que las cartas están nuevamente echadas. Esta mano, valga el símil,  promete ser mucho más dura que las anteriores. Es más, esta podría ser la última,  ya que, ahora si, con el curso que parece tomar “la revolución” se diría que está en juego el destino de
la República; con ella, la clase media, y más allá, la suerte de Venezuela en el concierto de las naciones. 

Elías Toro Caicaguana, 1º de mayo, 2007 

PD. Apenas 28 días después de terminadas estas líneas, el gobierno hizo realidad la amenaza proferida por Chávez meses atrás de suspender la licencia radioeléctrica a RCTV, hecho que puso en movimiento un mecanismo de defensa social que parecía estar en estado de latencia desde finales del año 57 del siglo pasado: la protesta estudiantil.   

5 commentaires »

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